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Divertido, algo culto, familiero, siempre dispuesto a hacer reír a la gente. ¡Ah, y manya a muerte!!!

martes, febrero 01, 2011

LA TAL TROTADA

Tu comentario, Tordillo, y tu historia de ese viaje a caballo improvisado de apuro, me trajeron este recuerdo. Allá por los años '40 lo leí en algún lado, creo que en la revista Peloduro, del pionero fundamental del humor uruguayo Julio Suárez. No recuerdo el autor, tampoco las frases exactas, pero sí tengo presente la genial caricatura de nuestro gaucho, de su apego a lo nuestro, de su incondicionalidad. Era algo así:


La tirada era larga, unas 5-6 leguas, así que salieron antes que despuntara el sol pa' no cansar mucho a los caballos, con apenas un par de amargos entre pecho y espalda.
No llevaban más de un cuarto de hora cuando uno dijo:
- ¡Lindas, las cañas!
El tranco siguió al mismo ritmo, cadencioso y acompasado, con apenas pequeños rodeos pa' esquivar alguna rama alta de los árboles por entre los que avanzaban. Otro cuarto de hora, y el otro:
- ¿Cuáles cañas?
El terreno se hizo más descampado, y ya a lo lejos, como a media hora de marcha, se veía el monte lindero a la cañada de Pérez que tenían que cruzar. El sol ya les daba de espaldas, por lo que tuvieron que echar p'atrás los chambergos (como pa' lamber sartenes). Entrando a la cañadita, refrescando a las cabalgaduras, el primero retomó la palabra:
- ¡Ésas, que pasamos ricién! Tacuaras, la mayoría.
La refrescada en la cañada les mejoró el ánimo a los cuatro, y retomaron la marcha con un empuje como si acabaran de salir. Los dos de arriba pelaron sendas tabaqueras, con la correspondiente hoja chiquita de abrojo adentro pa' mantener fresco el tabaco, y armaron los cigarros sin necesidad de largar las riendas ni andar parando por esa pavada.
Ya llegando otra vez a una zona de monte, no muy tupido:
- ¡No las vide, mire usté!
El monte se fue haciendo cada vez más ralo, dando lugar a una zona de colinas sucesivas, con mucha subida y bajada. Ya llevaban varias de ellas hechas, y los estaba apretando el hambre, cuando:
- Si gusta golver, pa' verlas...
La última subida les permitió asomarse a un extenso declive, luego del cual, allá en un horizonte que estaba a varios kilómetros de distancia, se alcanzaba a ver el pueblo de destino. Un par de cigarros más y ya se podía divisar las casas, clarita la torre de la iglesia y el tanque de OSE.
- ¡Taría güeno, cómo no!! ¡Se agradece!
Y ahí nomás hicieron girar los matungos y rumbearon pa'l cañaveral.

martes, enero 25, 2011

UN ÁMBITO BUCÓLICO (y algo melancólico)


ANICETO Y LAS TAPERAS


- Padre, ¿qué es esto? ¿Por qué está así esta casa?

- Mire, criatura. Esto es una tapera, ¿ve? Hace muchos años fue una casa donde vivía gente, una familia grande. Después se fueron, se mudaron a otro lado. La casa se quedó sola y el tiempo la ha ido deshaciendo de a poco.

Con sus apenas 7 añitos, Aniceto Baldovino no salía de su asombro, porque era la primera vez que veía una tapera. Chico sensible, pero también sabedor de que su padre era de pocas palabras, no preguntó más nada, sin poder apartar sus ojos de las paredes semiderruídas, de los agujeros en el techo, de los nidos de gorriones en los rincones, de los vanos abiertos con media o ninguna puerta, de los árboles secos...

A partir de aquél episodio, la vida de Aniceto transcurrió siempre de una manera plácida, tranquila, sin sobresaltos, casi sobremontada y mimetizada con el entorno rural donde se desarrolló: allí no había grandes ríos que pudieran generar una inundación, nunca hubo tornados ni nada que se le pareciera, y por supuesto, ni que hablar de erupciones volcánicas ni terremotos. Los picos de alteración no pasaban más que por alguna tormenta eléctrica, o las mamúas del turco Alí, que además eran siempre los sábados de noche, previsibles y que daban tiempo a prepararse.

Pero Aniceto nunca olvidó su primer encuentro con una tapera, reviviéndolo cada vez que veía una, recreando en su imaginación a la gente que allí había vivido, sus actividades, sus sueños y esperanzas, sus alegrías y tristezas, y hasta los gritos y saltos de los niños en sus juegos.

Ya mayor, el carácter de Aniceto - sencillo, sobrio, enemigo de los grandes aspavientos, trabajador a ultranza, buen vecino y mejor pariente – lo hizo ser muy apreciado en el pago, pese a que por su naturaleza no era muy apegado a las reuniones sociales, no pisaba el boliche casi nunca y apenas si concurría a algún que otro baile a beneficio de la escuela. Al boliche, concretamente, dejó de ir porque se cansó de que le hicieran siempre la misma broma: cuando se sentaba a jugar un truco de cuatro y pedía un vino, nunca faltaba el gracioso que, parafraseando su apellido, se aparecía con un balde y la damajuana de vino, colocando ambas cosas a su lado. “Pa’ que te sirvas a gusto”, era el remate, entre las carcajadas de todos, incluso las suyas.

Esa faceta suya de apocado e introvertido condujo a que nunca formara pareja ni familia. Pese a que sus contados amigos lo aconsejaban en contrario – llegar solo a viejo es mala cosa, algún día vas a precisar algo y no vas a tener a nadie a mano, tenés que recapacitar – se mantuvo tozudamente apegado a su celibato.

Hasta que un día llegaron algunas nanas: mucho dolor de cabeza; sueñera irresistible, incluso a veces se dormía arando con el tractor y los surcos quedaban como trote de liebre; atracones con la comida pesada, sobre todo cuando le daba mucho al guiso o al puchero de capón.

Atilana, una de sus vecinas más próximas – veintipocos años, inteligente, fuerte de carácter, esbelta, hermosísima y sobre todo servicial y solidaria – hacía ya un tiempo que lo visitaba de vez en cuando, para ver cómo estaba, si precisaba algo del almacén, y sobre todo porque cuando lograba entusiasmarlo con un diálogo pasaban muy buenos ratos charlando. Y claro, Atilana no tardó en darse cuenta de que la salud de su vecino estaba comprometida, iniciando inmediatamente la tarea de convencerlo para que fuera al pueblo a consultar al doctor.

Fue una tarea ímproba, pero el tiempo de insistencia, su carácter y la acentuación de las dolencias de Aniceto lograron convencerlo. Y fue al pueblo a ver al médico.

Y volvió. Presión alta, insuficiencia tiroidea y dispepsia de origen hepático, como exponentes principales, más alguna otra disfunción menor pero que también había que cuidar. Cuando le contó todo a Atilana, resumió su amargura y su impotencia en una sola expresión:

- ¡Estoy hecho una tapera, Ati!!!

Y allí mismo tomó una decisión. Metería en la maleta una maza grande y el hacha, cabalgaría las 4 leguas que lo separaban de la tapera de su visión infantil y la demolería piedra por piedra y árbol por árbol hasta hacerla desaparecer. Pensaba que eso obraría como un exorcismo de su obsesión y por algún ignoto y arcano mecanismo mitigaría sus males.

Atilana acometió contra esa idea tratando de hacerle comprender lo inútil, estéril e infructuosa que era, lo mal que le podía hacer el largo viaje a caballo y además que el tiempo así empleado iba a resentir sus tareas habituales y el consiguiente descanso absolutamente necesario.

Esta vez no pudo. La tozudez de Aniceto y la intensidad de sus emociones con respecto a la tapera pudieron más que la rotunda lógica de Atilana. Y allá marchó el domingo tempranito en su zaino, impulsado por el ansia de luchar contra su Némesis inmóvil, vencerla y destruirla para siempre.

Cuando volvió, muy cansado, sediento y hambriento, por supuesto que allí estaba Atilana esperándolo ansiosa por saber cómo estaba y cómo le había ido.

- Bien, Ati – fue su respuesta -. Pero aquéllo es muy grande, capaz que no tanto como la recuerdo, pero me va a llevar un par de idas más.

Atilana dominó su angustia y no dijo palabra.

El domingo siguiente, con la maleta pronta y el caballo ensillado, Aniceto estaba a punto de partir en un nuevo episodio de su cruzada particular, cuando apareció Atilana con unos papeles en sus manos.

- Ceto, antes que te vayas, me gustaría que vieras estas láminas. Las arranqué de un libro de mi madre, espero que cuando se dé cuenta me perdone.

Aniceto miró pausada y detenidamente aquellos coloridos paisajes absolutamente desconocidos para él, manifestó asombro y complacencia, y preguntó qué eran.

- Mirá Ceto, este se llama el Partenón y está en Grecia. Este es el Coliseo romano, en Italia. Y estas son las ruinas de Machu Pichu, en Perú. Son todas taperas, Ceto, pero famosísimas en todo el mundo.

Aniceto quedó pensativo unos minutos, repasando las láminas con los ojos muy abiertos. Finalmente las juntó y ordenó, se las alcanzó a Atilana, y poniéndole su mano en el hombro con la mayor dulzura que pudo, le dijo:

- ¿Sabés, Atilana?. Andá aprontando el mate, que voy a desensillar y ya estoy contigo.
 

martes, enero 11, 2011

CULTURA PARA TODOS

¿Quién no se acuerda del Pequeño Larousse Ilustrado? No me digan que todos en algún momento, a partir de 1912 en que apareció la primera versión en castellano, no hayamos tenido que recurrir a él para ver cómo se escribía, verbigracia, percusión (cómo se escribía percusión, aunque verbigracia también tiene lo suyo, ¿no?), por el lío que tuvimos - por lo menos yo lo tuve - entre percusión y persecución.
Lo que no se puede negar, no obstante, es que a pesar de su utilidad el P.L.I. era bastante pesadote y aburrido, lleno de personajes pero con un argumento flojito, flojito. Por eso es que se nos ha ocurrido - ¡qué pavada, se me ocurrió a mi sólo, bueno sería que para hacer esto se hubiera necesitado alguien más!! - recrearlo con una nueva versión un poquito más divertida, en la que reconozco se mantiene la característica del argumento flojito, flojito.
Se los presento:

En una entrada anterior les avisé que se venía el P.S.I. Pues helo aquí.
Una advertencia. Esto va a ir por entregas más o menos cortas. La razón es porque hace ya muchos años aprendí, leyendo un libro de chascarrillos (búsquenlo en el P.L.I., porque la entrega de la CH del P.S.I. puede demorar, y lo más probable que ya se hayan olvidado), que este tipo de lecturas es divertido en pequeñas dosis, si se lee mucho de golpe se corre el riesgo (el autor corre el riesgo) de que parezcan todos chistes alemanes y no sólo algunos cuantos como sucede realmente.
Bueno, basta de cháchara y, como dijo el estafilococo dorado, vamos al grano de una vez.

PRESENTACIÓN

Aclaración del texto de la imagen para checatos, presbíteros y ansiosos en general:

PEQUEÑO SEBINAMAR ILETRADO
(Obra en construcción)

CATEGORÍA DDDD
(Diccionario Dedicado a Difundir Disparates)

No apto para menores de alguna edad
a determinar por padre o tutor.
Contiene expresiones que pueden herir
la inocencia de quienes todavía no
conocen
las cagadas que hacen los adultos.

Se sugiere leerlo de a poco,
porque realmente es llenador.

A

ABADEJO.- Biol. Bacalao eclesiástico.
ABALANZAR.- Med. Consecuencia de haber comido habas podridas, o bien después de una buena cuchipanda.
ABASTO.- Lud. Una de las 4 posibilidades de designar el triunfo al tute remate.
ABOMBADO.- adj. Estúpido esférico.
ABREVAR.- v. tr. Dar de beber al ganado lo más rápidamente posible, obviando detalles superfluos.
ABUNDO.- Gram. Sufijo que se agrega a ciertos vocablos para significar: ¡pah! - ¡en pila!! - ¡qué lo parió!!!, como en nauseabundo, meditabundo, vagabundo, etc. El vagabundo por excelencia es el que además hace extra-vagancias.
ABSURDO.- Ideol. Izquierdista irracional.
ACAPARAR.- v. trans. Quedarse con todas las señales de tránsito octogonales.
ACÁPITE.- s. Cartel para ubicar en zona de fumadores.
ACECHANZAS.- s. Humorista español.
ACÉMILA.- s. verb. Tengo un amigo al que le decimos “el Mula”, pero la esposa, que es muy bien hablada, le dice acémila. Despacito, le dice.
ACEGUÁ.- adj. Dícese de un pueblo con muchos perros.
ACEROLA.- s. Fruto del acerolo, que tiene gusto a ollita con labio leporino.
ACERVO.- s. adj. Currículum de gran valor, pero muy amargo.
A.D.E.S..- s. Siglas de la Asociación de Docentes de Enseñanza Secundaria, autofinanciada con la fabricación y venta de jugos de frutas.
ADOLESCENTE.- adj. Tipo que adolece de todo - y parece que lo hace a propósito-, pero fundamentalmente de ganas de hacer mandados, salvo cuando se terminan los turbos y hay que ir a buscar más. En esos casos siempre están a mano. En los programas de secundaria debería agregarse una asignatura destinada a orientarlos, que se podría llamar “Despacio, adolescente”.
AGA.- s. Oficial del ejército turco, famoso por su participación en las cruzadas (palabras). Era el que ordenaba la milicia: usted aga esto, usted aga lo otro.
ALBEDO.- s. Potencia reflectora de un cuerpo iluminado. Por extensión, se aplica a las superficies de un blanco inmaculado, como por ejemplo la costra blanca situada entre la cáscara y la pulpa de la naranja. Nombre muy bien aplicado, porque se conocen pocas cosas tan albedo.
Albedo. Totalmente albedo.
ALCATRAZ.- Geog. Hist. Célebre prisión de los E.E.U.U., situada en la Bahía de San Francisco en la isla de igual nombre, que se lo pusieron porque cuando la gente preguntaba dónde quedaba la cárcel le decían: “está cerquita, alcatraz de la bahía”.
ALCOHOL.- s. Fundamento de la doctrina de Empédocles, filósofo griego considerado el mejor de todos, pues aunque no se le entendía nada de lo que decía (como a todos los filósofos), todo el mundo lo comprendía conociendo a su mujer.
ALGORÍTMICO.- adj. Y bueno, puede ser La Puñalada, el Rag de la calle 12, Macarena, Aserejé..., usted elija.
ALLENDE.- adv. pol. Presidente que está más allá de la cordillera, y ahora de la vida también.
ALZADA (Tribunal de).- Jur. Corte de veterinarios que se reúne para dictaminar cuando una hembra de cuadrúpedo ha alcanzado la altura suficiente como para aceptar al macho.
ANDALUCÍA.- ... y a la vuelta traéme las chinelas.
ANDANADA.- s. Ford a bigote, o similar.
ANÓMALO.- adj. Culo carente de bondad, muy deteriorado
ANTIMONIO.- Art. y Of. Peluquera partidaria de los cabellos sueltos.
ANTÓNIMO.- Biog. A mi me lo contó Juceca, que los conoció. Antónimo era el segundo de los hermanos Gramático, que eran 4: Sinónimo, el mayor, Antónimo, y los mellizos Homónimo y Parónimo, igualitos, criaturitas de Dios. Parece ser que en el pago nadie lo quería al Antónimo, por contrera, él hacía y decía todo al revés: bastaba que alguien dijera blanco, pa’ que él enseguida negro. Si, un suponer, se allegaba al boliche El Resorte y estaba todo el mundo en silencio, armaba un batifondo que ni te cuento, que se oía de más allá del monte, de valles y cañadas, y hasta venía gente de lejos pa’ ver que era aquel ruido del demonio. Tal cual, todo un asunto el Antónimo.
APATITA.- adv. Medio de transporte de los niños pobres, también llamado el 11.
APETO.- s. Mucho hambre.
APO.- Gram. Apócope de apócope.
APÓCOPE.- Gram. Apócope de “a poco pensar, mejor juntar y apretar”.
APOLO.- Mit. Dios de la electricidad entre los griegos, asimilable al yin y el yan del taoísmo, porque uno era positivo (Ánodo) y el otro negativo (Cátodo). Después también estaba Zeus, que era el Cómodo.
Apolo cazando lagartijas. Se nota que si abre los brazos del todo,
debe tener una notable envergadura.
APÓSTOL.- Rel. Uno de los discípulos de Jesucristo, canonizado como San Escolaso de La banca.
APUESTO.- adj. Pinta, fachudo, encendedor. De esos que cuando los ve una mina piensa enseguida: “Apuesto a que si lo agarro lo hago de goma”.
AQUILES.- Mit. Semidiós griego, hijo de Peleo y Tetis. Como buen hijo, peleaba como el padre, aunque a la madre no salió en nada, chatito era. El nombre se lo pusieron cuando lo trajo la partera y les dijo: “aquí les traigo el varoncito”.
ARAMEO.- Hist. Pueblo descendiente de Aram. Según la Biblia, se juntaban una vez al día con el aracago, salvo cuando los visitaba el pueblo araseco.
ARDEN, (Elizabeth).- Biog. Hist. Célebre cosmetóloga norteamericana, especialmente famosa por la creación de una línea de polvos faciales de gran éxito. Fue muy desafortunada en sus relaciones sentimentales, por la gran difusión que tuvo el slogan “los polvos de Elizabeth arden”.
ARROBAMIENTO.- s. Dirección falsa de correo electrónico.
ASCÉTICO.- adj. Que se dedica en soledad a la perfección espiritual, tomando bastante vinagre.
ASENCIO (GRITO DE).- Hist. Grito que pegaron Pedro Viera y Venancio Benavídez la primera vez que subieron en ascensor. Fue un 28 de Febrero de 18 y pico, cuando como representantes del P.U.M. (Paisanos Uruguayos Maricones) bajaron a Montevideo y fueron al London París, al subir al 3er. piso: Punto, Lencería y Bombachas.
ASERRÍN.- s. El timbre.
ASTA.- Gram. Preposición vacuna, de la que se les cuelga una bandera en los remates.
ATENAS.- Geogr. Ciudad capital de Grecia, donde se celebraron los Juegos Olímpicos en 2004. Paradojalmente, si bien la sede fue Atenas, lo mejor fue Lacedemonia inaugural, lo cual demuestra que los griegos son Patrás. Peloponeso te digo.
ATILA.- Biogr. El bárbaro por excelencia, durante toda su vida fue el huno.
AVEZADO.- adj. Experto en lides amorosas. Seguramente también acogido.



PARE!! STOP!! ARRETEZ!! RICCOLARE!! HALT!! CHEGA!!
DETENGUENSEN!!

Es divertido de a poco. ¿Por qué no lo guarda hasta la próxima ida al baño?

It’s funny only in small doses. Why don’t you wait till next popo?

Ça c’est amusant seulement petit a petit. Pourquoi n’attender pas jusqu’a la prochaine fois que vous voulez aller caguer?

Questa cosa é festevole solo piano piano. Ci reccomendiamo di guardare e aspettare propio il rissorgimento della próxima cacatta.

Isto e engraçado de a poquinho. Oba, cara, deixa isso aí e prouba a olhar nuevamenchi cuando vai voltar ao cagadeiro.

Guaranguen kleine kleine. Guarden und esperensen caguen again.

Hasta la próxima entrega. Que lo disfruten. Espero comentarios y sugerencias, no olviden que está en construcción, ¿eh?

miércoles, enero 05, 2011

PA' VOS, APARCERO!!!

(Dedicado a mi amigo Néstor, quien según él fue iniciado por mi en las delicias del humorismo rural y agropecuario de Simplicio Bobadilla).


LOBIZÓN Y PICO



(A la manera del inmortal Don Verídico)



Lo que sigue es enteramente ficción. Cualquier similitud con personas vivas o bobas, o con acontecimientos reales recientes o pasados, es una mera coincidencia.



Hombre que supo ser asunto serio pa’ la custión del emperramiento, ahora que dice, Eljóta Suárez, el casau con la Silvia Fe. Que a ella en el pago le decían Radioemisora porque pa’ que parara de hablar había que desenchufarla.

Eljóta Suárez era sétimo hijo varón y sin cruz en la lengua, y por eso se emperraba, porque como cualquier abombau sabe el sétimo hijo varón sin cruz en la lengua tiene eso.

Eso sí, de lo más desprolijo, lo que tenía era que se le hacía lobizón cualquier día. Tanto se emperraba un jueves, adelantau, como se le hacía ternero un sábado, atrasau. Pa’ los ruidos, similar. Un de repente se hacía ternero y dentraba a las casas ladrando y meneando la cola, que en el pago le habían perdido el rispeto por eso, porque pa’ todo hay que tener una conduta, ¿no?.

Un lunes de noche cayó al boliche El Fierro Diario, y se sabe que los lunes los lobizones tienen franco. Taban Carlitos Pérez (que le decían así porque se llamaba Carlos y era tan petiso que no le cabía ni un apodo, ni la menor duda le cabía), Aventurado Mula, Caperucito López, que era el dueño del boliche, Acompañado Leguisamo, Dumbo Conorra Úl, el pardo Pichón, Oriente Pichón, el hermano, y Jabón Pichón, el hijo (del pardo, no del hermano), que le decían así pa’ recordarle el aspeto de la limpieza de la persona humana, porque era medio dejau al respeto.

Taban jugando al fóbal 5 como si supieran, metiendo que era una tremendidá. Se allega Eljóta Suárez a la cancha y antes de entrar sintió como un chucho. Se dio cuenta que se estaba por atacar de lobizón y se aguantó en la portera. Ni sabía en qué bicho se iba a convertir.

- Si me hago perro - pensó - me quedo por un rincón y me entretengo, aunque más mejor sería gato, porque de arriba de un árbol viá ver especial el partido.

Adentro se seguían dando como pa’ mejor causa, parecía que querían declarar a los contrarios írritos, nulos y disueltos y sin ningún valor agregado para siempre. En una agarra un rebote el pichón de los Pichones, que le decían marido celoso porque estaba más pa’ pegarle con todo que pa’ acariciarla, y le prendió un zurdazo de esos que si te agarran te dejan mirando pa’ la Olímpica.

La pelota agarró una velocidá infinita, atravesó el techo por un aujero de la ré y se perdió en un pino de afuera. Ahí nomás se siente un maullido en sonido estereofónico y Dolbi 1.5, y un barcino que cae desparramado pero en sus cuatro patas, como corresponde a todo minino que se precie de tal.

El pobre bicho salió como escupida en plancha por el aujero más prósimo del alambrau, ganó la calle, cruzó las vías, cruzó la ruta, cruzó montes, valles, lomas y cañadas sin parar de maullar.

Pa’ la madrugada, Eljóta Suárez golviendo pa’ las casas, medio cansau y con una ronquera de aquéllas, soliloquiaba:

- ¿No haberá digo yo una menospausas pa’ esta custión de lobizonear? – agarró y fue y pensó -. Porque de no, cuando cumpla los 50 viá tener que dejar el fóbal.-







martes, enero 04, 2011

¡ESTO NO PODÍA FALTAR!!


HITOS IMPORTANTES DEL CAMPEÓN
DEL SIGLO XX



 





















   Parados: Enrique Hugo - Obdulio Varela - Flavio Pereyra Nattero - Mirto Davoine - José Pedro Colturi - Washington Ortuño - Emérico Hirsch (D. T.)
En cuclillas: "Matucho" Fígoli (Prep. físico) - Alcides Edgardo Ghiggia - Juan Eduardo Hohberg - Oscar Omar Míguez - Juan Alberto Schiaffino - Ernesto Vidal

 ¡Por supuesto que no podía faltar!! Y vamos a hacer un triple homenaje:
                            Al fóbal, que es lo único decente que han hecho los ingleses en toda su historia.
                            Al más grande de nuestro fóbal, que no precisa decir más nada.
                          Al Sabalero, que se nos fue - y fresco - hace poco. Aunque dicen que era bolso (nadie es          perfecto), con la música de "A mi gente" o "Sentados al cordón de la vereda", como quieran, una nueva canción de guerra para el manya.
   Ahí va.

A MI GENTE CARBONERA

Sentados en una ardiente tribuna
Sin una sombra pa’aliviarnos el calor
Vimos ganar miles de campeonatos
Al más grandioso, el glorioso Peñarol.

Primero fue el Obdulio y sus muchachos
Pepe Schiaffino y su gran inspiración
El gallinerío rajaba del estadio
Porque el culito roto, les dejó Peñarol.

Tibio febrero de fiestas futboleras
En las que hicimos nuestra felicidad
Siempre presentes, ganamos o perdemos
Damo’ el adiós, al bolso que se va.

Pueblo divino, hinchas del carbonero
Caras pintadas con humo y oro al sol,
Seguí alentando de los cuatro costados
Que el bolso ya no existe, hay sólo Peñarol,
Seguí ganando y goleando en todos lados,
Vamo’a ganar la Copa, por siempre Peñarol.

Para los nuevos, lo que ven arriba es una de las integraciones de la máquina del '49: 3 campeonatos al hilo ganados (Competencia, Honor y Uruguayo); 27 partidos jugados, 25 ganados y 2 empates (contra Rampla y Wanderers, no sea que alguien crea que las gallinas nos sacaron algún puntito); 3 clásicos que los pasamos por el buche: 3-1, 2-0 (el de la fuga, no se animaron a volver porque sabían que se comían 8 por lo menos) y 4-3; promedio de 3.25 goles por partido, o sea unos 90 pepinos en el año; y la frutilla de la torta, 9 jugadores a la selección uruguaya del '50 (Maracaná, no sé si alguna vez sentiste algo sobre eso), 7 titulares y 2 suplentes, con la extra que los dos punteros derechos (en esa época había un puesto que era puntero, derecho e izquierdo, después te explico más), el titular Ghiggia y el suplente, el "Poroto" Britos, eran del manya.
Creo que no hace falta agregar más nada, ¿non e vero?
Si algún bolso leyó esto, no se preocupen por mandar comentarios, yo los entiendo.
P.D: perdón, Nati, vos sos mi única seguidora y sé que el fútbol (sinónimo de fóbal) te paspa, pero esto era imprescindible.

jueves, diciembre 23, 2010

MI AVENTURA POR ONIRIA

     


ME AGARRÓ LA PSG

La vida se nos ha ido inundando de siglas al mejor estilo american way of life, a tal punto que se corre serio riesgo de quedarse lo más tranquilo en casa cuando le avisan que el cónyuge se vio involucrado en un PCR, creyendo que le había subido un poco la proteína C reactiva, cuando en realidad se trataba de un paro cardio-respiratorio.


A diario uno es acribillado por los SMS (Stupid Masturbatory Sistem), los IRPF (Intentá Rajar Por el Fondo), el BROU (Banco Raudo en Ordeñar Uruguayos) y las ETS (Enfermedades Típicamente Socialistas). Las siglas se han apoderado de los usos y las costumbres de la gente, que ya cuando sale a la calle debe munirse del HQT, BDV, y el FCMA ( respectivamente: hola, qué tal – buen día, vecino – fijáte cómo manejás, animal!).


Y a mi me agarró la PSG.


Yo sabía que no era el que yo conocía, el París Saint-Germain, que es un cuadro de fútbol francés bastante bueno, en el que jugó el Enzo, por ejemplo. Cuando me dijeron que me la tenía que medir, pensé que a lo mejor era la Presión Sistólica Geróntica, pero al enterarme de que para la PSG tenía que irme a una clínica a dormir toda la noche, ¡zás, ya sé!!, es la Primera Sensación Gustativa, en ayunas y recién despierto.


Pero tampoco. Era una Polisomnografía, indicada porque últimamente me duermo en cualquier lado, ronco como un berebere macho en celo y parece que también a veces hago pausas, dejo de respirar un ratito, para alarma y beneplácito de los contertulios. No sé si alarma cuando dejo de respirar y beneplácito cuando arranco de nuevo, o al revés.


Uno supondría (yo suponía) que un estudio destinado a monitorear las posibles alteraciones y desvíos de la normalidad del sueño de un individuo, debería estar instrumentado de manera tal que no interfiriera con el curso habitual del paso de la vigilia al sueño ni con el decurso posterior del mismo.


Graso, grasísimo, grasientísimo error.


En la previa todo parecía fácil y sencillo: presentarse a la hora 21, ya cenado y dispuesto a dormir toda la noche. No se permiten acompañantes durante el transcurso del estudio, cosa que me pareció lógica, para qué Demóstenes un acompañante si te vas a pasar durmiendo todo el tiempo, pero además hay otra razón, que más adelante les contaré, para no permitirlos.


Por supuesto que fue imposible convencer a las mujeres de la familia de que perfectamente podía ir solo, hacerme el estudio y al otro día volverme a casa lo más campante y bien dormido. Así que allá aparecí a las 20:50 con mi hija, que llevó el paquete, lo entregó y se volvió.


Arrancamos con el interrogatorio acerca de filiación, antecedentes, medicación en curso, etc., muy completo y detallado, que nos insumió unos 45 minutos. En parte por lo detallado, pero más porque uno pensaría (yo pensaba) que existiría un formulario con toda la requisitoria ya detallada para ir llenando paso por paso. Nuevo error obeso: la pobre licenciada iba anotando en una hoja A4 con su letra menuda y parejita, pero para mi sorpresa lo hacía por sectores. Empezó arriba, como cualquiera que anota en una hoja, pero iba dejando espacios a los que volvía luego rellenando con mis respuestas a las preguntas que se le iban ocurriendo sobre la marcha. De ahí deduje que el formulario sí debería existir y, una de dos: o se le habían terminado, o estaba en etapa de prueba sin imprimir todavía y lo llenaría después. Cuando terminamos me di cuenta de que no habíamos terminado, porque me sugirió que me fuera metiendo en la cama – previas gestiones que uno realiza antes de meterse en la cama – mientras ella pensaba y si se le había quedado alguna pegunta en el tintero me la hacía después.


Y ahora viene lo bueno. Con el fin de que los registros de mi actividad durante el sueño fueran diversos y ajustados (algunos eran realmente apretados), una vez que gestioné y me acosté, la rubita procedió a colocarme, a saber dos puntos


- 2 ó 3 electrodos en cada pantorrilla, para saber si uno es de los que cuando se duerme, patea.


- Todos los electrodos para registro del electrocardiograma, que como todo el mundo sabe son unos cuantos, entre tórax y miembros (no, sólo superiores e inferiores, ese se salvó).


- Un cinturón de esos tipo riñonera a la altura del ombligo y otro igual a nivel del tercio medio del esternón, para registrar la respiración abdominal y torácica (estos eran los apretaditos). Y aquí me di cuenta por qué no se permitían acompañantes: para no tener que ponerme, además, el de castidad.


- Todos los electrodos para registro del electro-encéfalograma, que como todo el mundo no sabe y yo tampoco, son muchos más, como 12 y sobre el cuero cabelludo, sujetaditos como toooooodos los anteriores con su respectivo pedacito de leuco.


- Y bueno, finalmente, unos 517 electrodos hábilmente diseminados sobre toda la fisonomía del que suscribe, para registrar la actividad muscular facial, incluyendo un bigote de alambre que debe haber sido algo así como el del Inspector Clouseau. Cada aplicación precedida por la respectiva refregadita de algodón con alcohol – “aprete el ojo, no le vaya a entrar alcohol” me dijo la guacha de mierda mientras me incrustaba uno justo donde se juntan los dos párpados del lado de afuera – y seguida del respectivo pedacito de leuco.


Cuando la GM, volviendo un poco a lo de las siglas, me preguntó para que lado dormía, ahí me invadió el temor de que no me hubiera fijado y me habían dado hora para el 28 de Diciembre. ¿O me habría agarrado una metástasis de Tinelli en el Uruguay? Le respondí que para los dos lados, y creo que no le agregué como todo el mundo para que no creyera que la estaba tratando de burra. Pero resulta que la GM estaba programada para que le dieran como respuesta derecha o izquierda, no le introdujeron la opción ambos. Para lo que tampoco estaba programada era para decirme que de eso dependía de qué lado enchufaba todo el cablerío, que parece que es cortón y por eso no acepta la opción ambos. Como tuve que optar por una, le dije izquierda por supuesto, y allá fueron todas mis conexiones. Con la consecuencia que más o menos en el canto IV de mi Odisea personal, cuando me di vuelta para la derecha, porque ya se me estaban necrosando los glúteos y la piel sobre el trocánter izquierdo, apareció la GM como pelado sin lengua a reconectarme todos los desenchufes que provocó mi incomprensible actitud.


Bueno, les ahorro la secuencia paso a paso de lo que fue el tratar de dormir en esas condiciones. Sólo espero que a lo mejor algún día Spielberg lea esto y me compre los derechos para la superproducción “Hell down south: PSG!!” Cuando la den, les recomiendo especialmente la escena que comienza cuando la GM – la otra, porque a la 1 y 30 cambiaron – entra cantando “A desalambraaar, a desalambraaarr!!” y arranca uno por uno los 6553 pedacitos de leuco sitos en términos generales sobre las zonas pilosas más prolíficas del berebere macho, al que se le fue el celo hace horas.


Y la frutilla: el resultado lo va a tener en un mes aproximadamente, nosotros le avisamos cuándo puede pasar a retirarlo. Estoy seguro que van a pedir una prórroga, no creo que vaya a ser nada fácil interpretar el rayerío que debe haber quedado en esas condiciones.






PD: ¡Ah!, las preguntas que efectivamente se le habían quedado en el tintero a la GM1, me las hizo la GM2 antes de desalambrarme, a las 6 menos cuarto de la mañana y yo con un sueño que estoy seguro le contesté cualquier cosa.


Y volviendo a las siglas, no se distraigan que se viene el P.S.I.!!!!






martes, diciembre 21, 2010

¿POR QUÉ SÍ, Y POR QUÉ NO?


Ayer viví una experiencia muy esclarecedora sobre un tema que me viene preocupando hace tiempo.
Estaba en la feria y uno de los feriantes comenzó a llamar los números para atender a sus clientes en el correcto orden de llegada. Sucede muy frecuentemente que la gente saca número y se va a hacer otros mandados, o simplemente lo tira y se va cuando se da cuenta que le falta mucho para ser atendido, o vaya a saber cuántos etcéteras más. La cuestión es que el feriante arrancó en el 92 y llegó al 96 y nadie gritó ¡bingo!. Lógicamente, al no obtener respuesta iba pasando de número cada vez más rápido, hasta que cantó el 98 y apareció una señora con el 96 diciendo ¡yo, acá, acá!, muy alarmada por el temor de quedarse afuera. Y bueno, la duda filosófica que se me generó fue si él se había apurado o la señora se había demorado.
Y creo que eso es lo que sucede con la EP y el OT. ¿Por qué todo el mundo habla de la frecuencia, la molestia y cómo combatir la EP  y nadie le da bola al OT? ¿Dónde están establecidos los tiempos medios normales, con sus respectivos rangos en base a 3 desviaciones standard de la media, para establecer fehacientemente que una E es P y un O no es T?
En efecto, damas y caballeros me estoy refiriendo a la eyaculación precoz y al orgasmo tardío, que también existe pero nadie habla de él. En cambio a la EP le dan como en bolsa, la usan hasta para publicidad de desodorantes - qué joraca tendrá que ver- y hasta le hicieron un tema musical, aquél de "si me voy antes que vos..."
Me parece que es válido hablar de EP si el pobre tipo no llega a la penetración y ya se enchastró todo, y bueno también si no llega a los 15 segundos, pero de ahí en más no hay que yo sepa ningún consenso si deben ser 1,2,5,10 ó 5677 minutos.
Claro, lo ideal sería que en todos los casos la E y la O coincidieran cronométricamente, cosa que en principio no parece fácil, pero insisto en que hay que incluir al OT en el problema.
Las causas de la EP ya han sido muy trilladas: dejando de lado problemas orgánicos, que parecen ser los menos frecuentes, está la iniciación sexual con prostitutas, que si bien fue más frecuente en generaciones anteriores, sigue existiendo, y ya se sabe que esas buenas señoras se las ingenian para que la prestación sea lo más rápida posible para dejar lugar a un nuevo promitente empleador. Se debe considerar además el machismo imperante en nuestra sociedad, que pese a los movimientos feministas no ha perdido su preponderancia, y  que hace que los gurises cuántas más marcas le hagan a las cachas de su pistola - una por muerto, como en el lejano Oeste - se tomen el asunto como una cuestión de vida o muerte, y cuando llega el momento de alcanzar el certificado para la nueva marca se exciten de tal manera que no permitan la cronometría de que hablábamos. Y que además no les importa un carajo, un bledo, un ardite ni ninguna de esas plantas, lo cual constituye otra causa más que abona en el mismo sentido.
Ahora, en cuanto al orgasmo tardío también tiene sus bemoles. Y hasta becuadros, si uno escarba un poco. ¿Por qué las mujeres pueden, y casi siempre son, demoronas? Lo mismo que para la EP, las causas orgánicas quizás son un poco más frecuentes: el miedo a la desfloración, la desfloración en sí, la falta de preparación previa, etc. Eso abarcaría la iniciación. Pero, después, ¿por qué siguen siendo demoronas?
Y, lo mismo que con el pobre EP, las causas son por mala educación sexual: falta de comunicación parental,  maternal sobre todo; aprendizaje tortuoso y desviado por intercambios con adolescentes de la misma edad e ignorancia; temor al embarazo por no saber cómo evitarlo con seguridad; y en especial por falta de conversar del tema con su pareja, explicándole previamente que si me duele la cabeza no, que por supuesto ni se te ocurra que me vas a ver desnuda, así que al oscuro o apenas una lucecita indirecta, que de mañana ni te sueñes porque no rindo, a la siesta menos porque si quedo embarazada el nene va a  ser bobo, y siempre bien calladitos porque las paredes son un papel y los vecinos se van a enterar de todo.
¿O no?
O sea, que como siempre, la cosa pasa por la falta de comunicación. Porque pese a la proliferación de las redes sociales, Internet y todos los tentáculos de la globalización, hay tópicos que siguen siendo tabú.
Y no quiero hablar, no, por favor, no insistan porque no voy a decir nada acerca del papel que le cupo, le cabe y le cabrá en este asunto a la Santa Madre Iglesia con sus Inquisiciones y sus Papas retrógrados y sus curas impresentables. Amén.

COMENTARIOS

natalia B.
natibecurti@gmail.com
186.48.27.76
buen análisis!!! cuánta sabiduría!!!
pero, yo digo…quien te corre??? cual es tu apuro???
porque lo del EP es un problema, la fiesta se hace corta, con gusto a poco (umm mala elección de palabras…) pero lo del OT, te da muchas alternativas y posibilidades para desatar la imaginación y la creatividad! ….no lo veo taaan grave, a menos que tengas realmente poco tiempo, o poca paciencia! vaaamosss……


sebinamar
ibsen.rama@comef.com.uy
186.49.47.152
Bueno, vamos por partes, como dijo Jack.
1) Lo de cuánta sabiduría me huele a cargada, pero en fin…
2) A mi personalmente no me corre nadie, entiendo que fue una forma algo lateral de expresarte.
3) Ambas cosas son un problema cuando son extremas. Si el OT se produce cuando uno mientras tanto ya se vio el trasnoche de HBO no me podés negar que la carga emocional debe andar a la altura de una pila AAA usada.
4) El famoso lapso para la isocronología está en razón inversa a la magnitud del goce sexual alcanzado. O sea que el EP, dentro de su limitación egocéntrica, disfruta mucho más que el OT.
5) No estoy defendiendo al EP, sino marcando que es el chivo expiatorio y no se hace tanto hincapié en el OT, cuando debería actuarse sobre ambos.
6) Esto daría para un mayor intercambio de opiniones y posturas (creo que lo de las posturas podría mejorar muchos aspectos), quizás hasta con algún ejercicio teórico-práctico incluido en el tratamiento del tema. A las órdenes.

NIÑEZ SEMIANECDÓTICA

     Esto lo escribí para un concurso de cuentos de la C.J.P.P. Universitarios hace algunos lustros. Obtuve un honroso quincuagésimo tercer puesto entre 47 concursantes. Insisto con él para que vean lo malos que pueden ser los jurados - hubiera preferido el del Bailando -, para mi que lo que habían jurado era hundirme.

                                             



ARTIGAS F.C. 

     Mi infancia son viñetas de un pago de campaña… lo que significa poca variedad y muchísima riqueza vivencial. Contaba yo tres añitos cuando nos mudamos allí, aquel verano implacable que se hiciera luego célebre por la sequía récord en mucho tiempo.
     Estábamos quizás a no más de 50 kilómetros de distancia en línea recta de la cefalópolis, pero para llegar a ella mediaba todo un periplo: pedir a un vecino que nos arrimara en charret hasta la ruta y esperar el ómnibus que pasaba -con suerte – dos veces por día. En él llegábamos a la capital departamental, y allí sí, tomábamos el definitivo 2-A. Calculando, con optimismo, 6 a 7 horas de viaje.
      La casa era linda, amplia, con todas las habitaciones de 5 x 5 x 5. Por ejemplo, era una gloria el baño, con el piso embaldosado parejito, en el que con mi primo Dardo (que en las vacaciones venía a pasar unos días en casa) nos enjabonábamos bien las nalgas y sentados en el suelo con las rodillas dobladas al máximo y los pies contra la pared, pegábamos un envión hacia atrás jugando carreras hasta la pared de enfrente. Los tales campeonatos de traste enjabonado nos mandábamos. Por supuesto que no había agua corriente ni luz eléctrica, pero eso ¿a quién le importaba? Y pegadita a la casa, pared con pared, estaba la escuela. Porque el motivo de nuestra presencia en el lugar era que mi madre, maestra fresquita recién recibida, había elegido la dirección de esa escuela, la Nº 62 de Barra del Timbó, y por tanto irse a vivir en ella, dadas las dificultades del traslado cotidiano.
     Los gurises llegaban a las diez, a las doce venía el almuerzo-recreo hasta la una y de nuevo a clase hasta las tres de la tarde. En el mismo predio y paralelo al camino teníamos el “potrero”, un campito con un pozo en un extremo y varios árboles en el contorno: recuerdo algunos paraísos, dos higueras de higos negros, una de higos rojos y otra de blancos, una morera, y por supuesto el eucaliptos del fondo, majestuoso, imponente, con su habitual y densa población de cotorras, algún carancho allá arriba del todo y hasta alguna cueva de comadreja en la base del enorme tronco, panzón de un lado como un embarazo de 7 meses.
     Y en el medio del potrero, como no podía ser de otra manera, la canchita. Es decir, un descampado suficiente para jugar a la pelota, sin arcos ni líneas demarcatorias, todo bien dejado a la libre imaginación, en el que los escolares hacíamos nuestras primeras armas futboleras.
     Allí, por lo que ya vimos, el diario nos llegaba un día sí y otro no, y los domingos siempre no,   por lo que las reyertas familiares -en especial con mi padre- alcanzaban su máximo cada dos fines de semana, cuando se juntaban 4 diarios para leer los resultados deportivos. Me deleitaba con aquellas fotos con la línea punteada arrancando en el pie derecho de Raúl Schiaffino, que pasaba entre rivales y compañeros (Paz, Pini y Arrascaeta, “solito” Ortiz, Chirimino, el “arquitecto” Villadóniga) y llegaba hasta la pelota en el fondo del arco. Me sabía de memoria las principales alineaciones de los diez cuadros de la A, y creo que también de algunos de la B. Con la pelota de tenis que me había regalado mi primo Omero -cuando el tío Nicola lo anotó, en el Juzgado le dijeron que iban a eliminar la hache inicial del idioma, así que para qué Homero – me iba a la canchita, formaba a Peñarol de un lado y a cualquier otro enfrente, propinándole por turno goleadas infernales. Así por años, y sólo una vez se me complicó un partido -contra Danubio, recién ascendido- que casi nos empata.
     Así comenzó mi pasión por el fútbol,  estimulada por  una niñez solitaria  y pocas  oportunidades   de diversión, pero con la cual naturalmente tuvo mucho que ver mi padre, quien, ya frisando los cuarenta y algo, no podía olvidarse de que había sido socio fundador y “centrofóbal” de Bella Vista por los años 20.  Según él,  había perdido la titularidad cuando vino al  club un jugador que luego fue Campeón Olímpico con la celeste y del cual se hizo muy amigo, al punto de que en el 28 el Sr. José Nasazzi le trajo de Colombes, como regalo de casamiento, el juego de porcelana de Limoges que poníamos cuando venían visitas.
     Y quizás un cierto grado de frustración de su parte lo llevó en aquel lugar a promover, instituir y dirigir al Artigas F.C. Como estaba desocupado y todavía no tenía vigencia la triple M (Marido de Maestra Mantenido), empezó a frecuentar el almacén de Mayo y Perdigón que quedaba a pocas cuadras de la escuela. Se ofreció como empleado por su experiencia en el ramo, ya que además de ser cliente asiduo de los boliches tuvo un comercio similar antes de mudarnos. 
     Y finalmente lo aceptaron. Así se relacionó con los habitantes del pago por doble vía, el almacén y la escuela eran casi los únicos focos de intercambio social. Su contacto con la población masculina joven, sus antecedentes y la necesidad de algo más que las bochas y la caña para pasar las tardes de domingo fueron fermentando la idea.  Y en la primera oportunidad en que alguien se arrimó a  la capital,  se mandó  comprar  una  Nº 5  con  su  correspondiente pasatientos. Un tiempo después las camisetas mitad azul y mitad rojo... luego los pantalones blancos... Y así nació el Artigas F.C.
     No recuerdo que de allí haya surgido ningún fuera de serie que motivara a la fauna periodística a reiterar lo del inagotable semillero que constituye nuestro fútbol chacarero. Pero en su microambiente el Artigas tuvo su esplendor, y con mi padre de “centrofóbal” y D.T. llegó a ser prácticamente invencible en su terreno de juego, el campito anexo al almacén de Mayo y Perdigón.
     Claro, era casi el único cuadro que había. Los rivales habituales y clásicos por lo únicos eran los de Las Glicinas, más allegados a la escuela Nº 52 de Paso Amarillo. Ellos también formaron su equipo en seguida y como reacción a la aparición del Artigas, pero no tenían cancha, y ése fue durante mucho tiempo su argumento para justificar las sucesivas derrotas: “Tá bien, nos ganaron otra vez, pero cuando téngamo la canchita de nosotro propia van a ver”.
     Resultó que la concreción de este anhelo del Defensor de Las Glicinas fue todo un ciclo de   estrategias y diplomacia agrícola. Don Calisto Percovich tenía un pedazo de campo bastante desparejo, con mucha chirca, pero factible de allanar y acondicionar como cancha de fútbol. El Flaco Eleuterio, su sobrino, fue el más entusiasta promotor del Defensor, jugaba de “centrojás” y era prácticamente el dueño del cuadro. Con mucha paciencia, mucha labia y algún arrumaco -muy macho, pero arrumaco al fin- logró luego de unos cuantos meses de esfuerzo convencer al tío de que un par de partidos por mes no le iban a arruinar el pasto que tenía reservado para sus vacas.
     Y no bien don Calisto dio el sí,  fue todo uno.  En un santiamén se arrancaron las chircas  y todos los yuyos, se tapó alguna cueva de mulita, se marcó la cancha con lo que se pudo y se trajeron cuatro varejones de eucaliptus bien derechitos para los palos de los arcos. ¿Cuatro? Y sí, en realidad se precisaban seis,  pero el monte de Texeira era el único cerca  y  el apuro no dio para  más.
     Eleuterio resolvió rápidamente el problema: los varejones por suerte son largos, los enterramos bien y les ponemos unas piolas del tío bien tirantes de travesaño y santas pascuas. El ansia por la revancha de local era tal que no se podía perder tiempo en detalles superfluos.
     El tan esperado encuentro se pactó para un domingo de junio bastante frío pero soleado. Allá marchamos en el Ford T de mi padre y en la Chevrolet ’24 del vasco Harretche, “entreala” derecho y crack del Artigas. Eran unas pocas leguas, pero los caminos de tierra y alguna parada por recalentamiento de radiadores hicieron que llegáramos con el tiempo bastante justo para el partido. 
    Y para peor, no bien llegamos empezaron los cabildeos. Resulta que mi padre era el integrante más temido por los rivales, pero como su estado físico no era el ideal, acostumbraba jugar sólo el segundo tiempo, aprovechando el cansancio de los contrarios. Por otro lado, el Artigas tenía cierto plantel como para hacer cambios, y el Defensor tenía once justitos. De ahí que la imposición de los locales era la de jugar sin cambios, si el “máistro” (mi padre) quiere jugar, que juegue, pero todo el partido.
     Por fin,  luego de muchas idas y venidas,  incluso con amenaza del  Artigas de volverse sin jugar, se aceptó la tesitura del Defensor y se jugó sin cambios. El “máistro” se decidió por quedarse afuera a dirigir y dio comienzo la brega. Ni que hablar de juez ni líneas, todo se cobraba de común acuerdo, así que las demoras por protestas y diferendos estaban a la orden del día. Siguiendo las instrucciones de mi padre, el vasco Harretche buscaba, siempre que tenía la pelota, el sector izquierdo de la defensa contraria, donde los marcadores eran proclives a irse al bulto y se comían todos los amagues, que eran el fuerte del vasco. Y así fue que casi al final del primer tiempo, con el sol ya bastante bajo, el ídolo del Artigas entró solito al área, cambió hacia la izquierda donde venía entrando el colorado Clavijo (monteador él, uno noventa y pico de alto) que sacó un tamangazo de derecha inatajable. Con decir que la pelota cruzó apenas por debajo de la soga-travesaño, pasó por encima de lo de Don Calisto y hubo que ir a buscarla a la cañadita donde aguaban los animales.
     Para el segundo tiempo la orden fue aguantar y tratar de no cometer infracciones cerca del arco, porque el Eleuterio también gozaba de una patada de mula y le pegaba bastante bien. Todo iba a pedir de boca para el Artigas, manteniendo el uno a cero con uñas y dientes, hasta que ya a poco del final, la Anguila Pérez, puntero del Defensor, bastante poco dotado técnicamente pero muy rápido y escurridizo, fue levantado en  vilo de un patadón por el “back” izquierdo del Artigas, cuyo apelativo se me escapa, quizás por el hecho de que no volvió a jugar nunca más.
     Era la gran oportunidad para el Defensor, por lo menos de empatar y salvar el honor en su cancha. No sólo por las dotes del Flaco Eleuterio, sino porque el sol ya se había puesto hacía un rato, estaban entre dos luces y eso dificultaba las cosas para el golero, Robatti, que normalmente usaba unos lentes tipo culo de botella. Los intentos de algún cararrota del Artigas (¿acaso del “máistro”?) argumentando que había sido técnico y que no valía directo fueron infructuosos.
     El  Eleuterio  colocó  despacito  la  pelota  arriba  de un cogollito saliente del espartillo recientemente cortado,  retrocedió cinco o seis pasos,  se persignó,  arrancó  hacia adelante como si hubiera sido a inyección,  y sintiendo que desde esos montes y  cuchillas  cuarenta generaciones  de Percovichs  lo contemplaban,  le pegó al balón un furibundo derechazo al palo del golero, confiando en su destreza y en la vista del otro.
     Y cuando levantó la cabeza, ya insuflando toda su capacidad  vital para el grito de gol, lo que vio le heló la sangre  en las venas:  la soga-travesaño había desaparecido,  y  al  lado  del  palo del golero, subido en una escalera, el tío Calisto acababa de desatar la piola anunciando que “lo siento muchachos, pero se acabó el partido porque es tarde y tengo que atar las vaca' pa’ ordeñarlas”.-